miércoles, 6 de enero de 2010

Como te conocí, Martín.

Enero 2008, primera quincena, Mar del Plata.
Era temprano, me había levantado con mi mamá para ir a tomar sol a la playa. Antes habíamos comprado una pepsi para tomar y unas facturas (que convinación). Extendimos una lona en la arena y nos acostamos boca arriba; en un momento no se que maniobra hago que vuelco la gaseosa arriba de mi mamá. Entre risas se levantó y se fue hasta casa a cambiarse (estábamos cerca) y yo me quedé sola. No había nadie, o yo no lo veía. De repente recibo un pelotazo, me levanto furiosa a gritar de todo cuando lo veo. No se como apareció ni de donde, pero ahí estaba él con los ojos achinados por el sol, casi sin ver tapando el reflejo con la mano.
"Disculpá, che; se me fue la mano" - dijo, con una voz realmente linda.
A mi en ese momento ya se me había ido todo enojo.
"Eh, emm, no, todo bien. ¿Queres una medialuna?" - dije.
Ouch! Que idiotes, ¿una medialuna? hubiera dicho algo poco más productivo. Dios, medialuna.
"Eh, no gracias, ya desayuné" - me respondió.
Mierda, que idiota soy.
"Pero mi amigo ahora se va, ¿te molesta si me quedo con vos?" - me dijo.
"No, mejor, quedate" - respondí con una sonrisa que no se borraba de mi rostro con nada.
Me contó que vino con su familia y su amigo de vacaciones (no podía creer que dejó al amigo solo por quedarse conmigo), que no era de acá; y, para mi sorpresa, era del mismo lugar que yo, a un colectivo de diferencia, $1.50, no podía creerlo. Su sonrisa, su mirada, los huequitos que se le formaban en los cachetes al reír.
Estuvimos hablando, riendo, por unos cuarenta minutos. Cuando ví que se acercaba mamá y se me escapó un "uy"
"¿Qué pasa?" - me preguntó.
"No, nada importante, viene mamá" - dije.
"Ah, jaja, te da vergüenza, despreocupate que me voy, pero te anoto mi celular ¿dale?"
Listo, felicidad ven a mí. No podía ser mejor, no paraba de sonreír; nunca.
Apenas se fue, sin hacerme la difícil ni nada le mandé un mensaje para que me agende.

1 comentario:

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