sábado, 24 de julio de 2010

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19 de Julio, me decidí y llamé a Mercedes.

- ¿Hola? -
- Hola Mercedes, habla Mariana -
- ¿Qué necesitas? -
- Nada, te venía a avisar que me volví a Buenos Aires -
- ¡¿Qué, cómo que te volviste?! ¿Con qué autorización? - gritó.
- Ya soy grande, a mi no me vas a internar en otra provincia, sola, sin conocer a nadie, sin conocer nada -
- Está tu tía allá, si que conoces gente -
- No la veo hace años, casi ni la conozco y ella no va a cargar con las cosas que vos no queres hacerte cargo. Quise volverme, me volví y no hay nada que puedas hacer -
- ¡¿Quién te pensas que sos?! ¡Te voy a mandar a la policía a buscarte si no apareces en una semana! ¡Sos una pendeja todavía, no podes tomar decisiones vos sola! - gritó y gritó.
- No voy a volver con vos, vos no vas a cuidarme, vos no haces nada por mi -
- ¡¡Yo te doy para comer nena!! ¡¡ que desagradecida sos!! -
- Bueno, seguí dándome esa plata para comer que yo ya tengo casa, porque vos me la sacaste -
- Yo no te saqué ninguna casa, te mandé a un lugar mejor ¡Hasta que no aparezcas no vas a tener ni un centavo mio! - y cortó.

Hubiera preferido no decirle nada, pero de todas formas necesitaba la plata más que nunca.

De Mariana: "Según la ley hasta los 21 me tenes que mantener"

De Mercedes: "Cuando dejes esa actitud de pendeja nos juntamos a hablarlo, yo no pienso darte ni dos centavos"

Capaz no dos, pero que me tire de a uno, lo necesito. Ahora no sé que hacer, si hablarlo, si decirle de encontrarnos; tampoco sé de que es capaz, de si va a atarme de manos y pies y encerrarme en una habitación oscura o va a decirme que no a todo y quedar sola, sin plata. De todas formas así debe ser, tengo que trabajar y conseguir lo mío pero no puedo mantenerme, mantener un departamento que ni siquiera es mío, mantener todo lo que me rodee con un sueldo cualquiera. Por suerte tengo guardada bastante plata, pero no sé cuando más durará.

viernes, 23 de julio de 2010

La vuelta, el reencuentro.

En Salta me sentía sola, a mi tía no la veía desde mi nacimiento prácticamente y era una persona desconocida para mi. Ella vive sola, en una casa muy chiquita pero linda con mucho campo alrededor, vive bastante alejada de todo, es como un pueblito donde todos me miraban y sentía como hablaban de mi.
Allá conocí una chica, Clara, nos hicimos amigas en poco tiempo y escuchó cada uno de mis reproches a mi mamá, de mis llantos, de mis dolores, como yo cada una de sus historias, amores, y su vida tan interesante.
Ese 15 estábamos tomando mate sentadas afuera de la casa, la noté un poco impaciente y por más que reiteradas veces pregunté que le sucedía no me dijo nada. La charla se puso linda, el día bastante agradable cuando vemos un chico que corría desesperado cerca de ahí, a unos cuaaaaantos metros, iba rapidísimo. Nos reíamos de como lo hacía, ¿qué tan apurado estaba? ¿a donde llegaba tarde?. La miré a Clara mientras me reía y ella estaba con lágrimas en los ojos.

- Clari ¿qué pasa? - pregunté un tanto asombrada. Ella no decía nada, estaba llorando, sonriendo, de hecho se reía mirando el suelo. Levantó la vista en un momento y dijo:
- Las cosas que hace el amor, Mar -
- No entiendo... - contesté.
- Que el amor corre rápido, sino mirá - dijo y me señaló al frente donde venía aquel chico corriendo.
- ¡No puede ser! ¡¡¡¡JULIÁN!!!! - grité, salí corriendo, casi tropiezo, no me importó nada.
Corrí lo más rápido que pude hasta que estaba a un metro solamente, ahí salté, me colgué de él, nos abrazamos llorando unos minutos, fuerte, fuertísimo como si no quisieramos soltarnos (no queríamos).
- Perdón por tardar - dijo sonriendo, despegándose de mi.

- Sabía que ibas a venir por mi, yo sabía - dije, llorando, lo abrazaba, lloraba, lo besé, nos besamos.

Luego de unos minutos se acercó Clara a saludar.
- Te presento, él es Julián, del que tanto te hablé - dije.
- Si me habrás aturdido - dijo riendo, con esa tonada linda que tiene ella.
- Pero, no entiendo algo ¿cómo sabías que era él? - pregunté.

Ambos se miraron y se rieron, yo, obviamente, entendía menos.

- El otro día, mientras nos echamos una siesta abajo de los árboles de tu tía, agarré tu celular y lo llamé, no podía escucharte mal. Quería saber que pensaba él de esto y le conté todo, donde estabas, como llegar, para que no se pierda porque me dijo que quería venir a buscarte. Borré la llamada y me hice la tonta - dijo Clara, riendo.
- No lo puedo creer ¿hiciste eso? ¡mala! no me dijiste nada - dije.
- Era sorpresa, yo le anoté su celular y nos contactamos, yo sabía que hoy él iba a venir - dijo ella.
- Por eso estabas tan nerviosa - dije.

Pasamos toda una tarde juntos, conversando, riendo. Se hacía de noche.

- Despedite porque nos vamos - dijo Julián, agarrándo fuerte mi mano.
- ¿A donde? - pregunté.
- Nos volvemos a Buenos Aires, vos acá lejos de todos no vas a estar, y menos lejos mío. Empacá todo - dijo él.
- No ¿y a donde voy? no puedo así - reclamé.
- Ya vas a ver, vas a tener donde estar, vamos, apurate -

Bueno, no me costó nada decirdir si iba o no, era lo que más quería.Le expliqué a mi tía lo que sucedió, le dije que no diga nada a Mercedes, que lo prometa. A lo que contestó que no iba a decir nada, que estaba feliz con lo que hacía, que mi lugar era allá, con mis amigos, con este chico, que aceptó que yo venga porque no quería que me quede con cualquiera, pero que a Mercedes ella no la quería por todo lo que hizo, por abandonar así a mi papá, así a mi hermano, así a mi.Pasamos toda la noche juntos, en lo de mi tía, con Clara. Me despedí de ella y temprano fuimos a tomar el micro.
Al llegar Julián llamó a su mamá, le dijo que estaba todo bien y que ahora iba a "ese lugar". Pregunté a donde, y no me contestó.
Fuimos en remis hasta Capital, ya ma resultaba extraño esto. Llegamos, me hizo subir a un departamento hermoso, lujoso, sin muchos muebles, se notaba abandonado, pero hermoso en si.

- ¿Y esto? - pregunté.
- Es tuyo - dijo.
- ¿Qué? ¿me estás cargando? -
- Dijiste que no te ibas a quedar en mi casa, bueno, hablé con mamá y me contó que tenía este departamento hace bastante, para cuando yo quiera independizarme bien, irme a vivir solo y demás. Es un regalo que ella pensaba hacerme, que yo te lo presto - dijo él.
- No, no, Juli - y lloré, de felicidad, no sé, lloré.
- Hoy duermo con vos acá, después no molesto más - dijo abrazándome - Te amo, que bueno tenerte cerca -

Era perfecto, estaba muy lejos de mis amigos pero me sentía a salvo, en "mi hogar" y sabía que si quería ver a alguien tomaría unos minutos solamente. Además, lo tenía a él.
Pero los días iban a pasar y mi Mercedes iba a tener que enterarse de que yo estaba acá...

jueves, 22 de julio de 2010

El por qué de mi ausensia.

Hoy, de casualidad, van dos meses desde que no subo una entreada acá. Todos se preguntarán por qué, y no es para menos.

Mi relación con Julián iba excelente, tranquilos, sin apuros, ideal. Pero surgió un problema que tiró todo abajo. Una mañana, yo estaba sentada en la cocina desayunando, se acerca Mercedes, apoya en la mesa un pasaje con destino a Salta que partía al día siguiente (26 de Mayo), un sobre con bastante plata, y se va. Al ver eso no entendía mucho.

- ¿A donde vas? - dije.
- A trabajar - respondió
- ¿A Salta? -
- No, ahora me voy a trabajar, vos te vas a Salta - contestó
- ¡¿QUÉ?! - grité un tanto alterada.
- Si, allá está mi hermana, ella se encarga de vos -
- ¿Y por qué tengo que irme? -
- Porque yo no puedo cuidarte -
- Vos no queres cuidarme que es distinto, entonces buscás a otra para que te reemplase. No, yo de acá no me voy, sé cuidarme sola como lo hice todo este tiempo. No me pienso mover - contesté firme.
- Vos te vas mañana porque esta casala vendo mañana mismo -
- ¿Qué? ¿Cómo que la vendes? ¿Qué te pasa, Mercedes? -
- Mi casa, mis desiciones - y se fue.

Lloré por unos minutos, sin saber que hacer, hasta que empecé a llamar a todos para contarles. Todos me ofrecía quedarme en su casa, ser su huesped, pero no, no puedo aceptar eso, no iba a interrumpir una familia, una cotidianeidad por mi. Entonces fue cuando me acordé de mi hermano y lo llamé.

- Hola, ¿Gustavo? -
- ¿Mar? ¿cómo andas? -
- Mal, escuchame, mamá me quiere mandar a Salta con la tía, mañana mismo porque vende la casa -
- ¿Qué? Está loca esa mujer. ¡¿Por qué no me avisaste antess?! -
- Porque me enteré recién - y ahí largué el llanto.
- Bueno, Mar, esperá, pensemos, calmate -
- ¿No puedo ir con vos? - dije entre lágrimas.
- Mmm no, Mar, acá no duras ni un día, es un desorden, no podría darte bola, ni para comer, capaz mamá se enoja y ni plata te tira, como a mi -
- Tenés razón... ¿Y qué hago? -
- Dejame que piense y te llamo -
- Dale, te amo hermano -
- Yo más tonta -

Y me sentí mucho mejor después de hablar con él. Pero ahora falaba contarle a Julián, a ver que decía.
Lo llamé.

- ¿Juli? -
- Hola linda, que raro que me llames a esta hora -
- Tenemos que hablar ¿podés venir a casa? -
- ¿Qué pasa? -
- Vení, por favor -
- Bueno ya voy -

A los minutos llegó y lo abracé tan fuerte como pude y me largué a llorar.

- Mar, para ¿qué pasa? - dijo y le mostré el pasaje.
- Decime que es joda, Mariana - dijo asustado y lloré más fuerte.
- ¿Por qué? - dijo con lágrimas en los ojos.
- Mamá vende la casa, me manda con mi tía -
- No, no, está loca ¿y tu hermano? -
- Se queda, él tiene todo acá, y yo no puedo vivir con él -
- No, Mar.. Vos.. vos vivís conmigo, te venis conmigo ¿dale? - dijo, nervioso, alterado.
- No, Juli, no. Yo no voy a molestar a nadie - contesté.
- Mar, no molestas, por favor, vení a casa -
- No, Julián. No -
- Pero... ¿cuánto tiempo te vas? -
- No sé, capaz días, capaz meses, capaz para siempre si ella no me quiere -
- No, Mar, no - y se puso a llorar.

No encontamos solución, mi hermano no pudo hacer nada así que solo quedó hacer una cena de despedida en lo de Celeste y listo. Lloramos mucho, éramos varios, pero las lágrimas no hacen nada. Al día siguiente partí, viendo la cara de dolor de Julián por la ventanilla.
Mientras estaba en el micro le mandé un mensaje.

De Mariana: "Gracias por todo, pero ya sos más que libre"

De Julián: "Yo te voy a esperar siempre"

De Mariana: "Ya está, Juli, sos libre"

No iba a dejarlo en mi espera y cortar toda su vida. No éramos novios pero él lo tomaba así. No iba a pedirle que me espere si yo no sabía ni cuando iba a volver.
Cuando llegué me llamó llorando, enojado, tratando de convencerme pero fue inútil. Así estuvo un mes y muchos tiempo mas, ya era fecha 15 de Julio y para mi sorpresa hay personas que jamás se rinden.


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